¿Qué es el “olvido de verano”? Aprender también es posible mientras se descansa

En hogares con menos recursos se han documentado pérdidas de hasta tres meses de progreso lector durante las vacaciones.
En todo el mundo las vacaciones de verano representan una pausa necesaria para las niñas y niños: días para descansar de la escuela, jugar y descubrir nuevas experiencias. Pero detrás de ese descanso existe una realidad que no muchos conocen. Mientras algunas infancias siguen leyendo, viajando, conversando o asistiendo a cursos y campamentos, otras enfrentan una reducción importante en sus oportunidades de aprendizaje que termina por afectarlas en su regreso a clases.
El “olvido de verano” es el fenómeno que describe los cambios que pueden presentarse tras varias semanas sin escuela. En niños con mayores recursos económicos no se ha encontrado un cambio significativo en este periodo; en aquellos con menos recursos, en cambio, se han documentado pérdidas de hasta tres meses de progreso lector, que se traducen en menos práctica y menos oportunidades de aprendizaje al volver a clases1.
Más que una pérdida generalizada de conocimientos, el fenómeno refleja las desigualdades entre quienes cuentan con acceso a libros, espacios seguros, actividades recreativas y acompañamiento adulto, y quienes no disponen de estas oportunidades. Reconocer palabras, leer con fluidez, comprender lo leído, ampliar vocabulario, narrar una experiencia, segmentar palabras y escribir son habilidades que dependen de la lectura y que pueden verse afectadas sin continuidad2.
Ante este escenario, las especialistas coinciden en que el objetivo no debe ser convertir las vacaciones en una extensión de la escuela, sino encontrar formas naturales de mantener vivo el lenguaje desde la convivencia cotidiana.
“Las vacaciones deben seguir siendo vacaciones. El problema no son las vacaciones, sino que no todas las familias cuentan con las mismas oportunidades para acompañar estos procesos; por eso necesitamos construir condiciones más equitativas para todas las infancias”, señala Valentina Uribe, Directora Ejecutiva de Fundación Zorro Rojo y especialista en adquisición de la lengua escrita.
La alfabetización va más allá de aprender a leer un libro: también ocurre cuando una familia plática durante la comida, escribe la lista del supermercado, interpreta un mapa, juega con rimas o inventa historias. Desde Fundación Instituto Natura, esta visión cobra especial relevancia porque la alfabetización durante los primeros años de vida constituye uno de los aprendizajes fundamentales para el desarrollo educativo y social de niñas y niños.
“La alfabetización en los primeros años es uno de los aprendizajes que abre la puerta al resto del desarrollo educativo y de vida. Como sociedad debemos garantizar que todas las niñas y los niños tengan oportunidades para fortalecer estas habilidades, independientemente de su contexto. Las vacaciones también pueden convertirse en un momento para acercar experiencias de lectura, conversación y juego a quienes históricamente han tenido menos acceso a ellas”, afirma Silvia Ojeda, Directora de Fundación Instituto Natura.
Tips para fomentar la lectura en el verano:
Una forma de sostener estas habilidades en vacaciones es acercar la lectura desde los intereses de cada niña y niño, sin convertirla en tarea escolar: no siempre hace falta un resumen o preguntas después de leer, comentar una imagen, imaginar otro final o hablar de lo que más gustó también fortalece la comprensión y el lenguaje. Y leer no significa únicamente abrir un cuento: cómics, revistas, recetas, instructivos, letras de canciones, audiocuentos o las etiquetas, anuncios, calendarios y letreros del día a día también pueden despertar la curiosidad y formar lectores.
La lectura en voz alta es otra herramienta sencilla que puede mantenerse incluso cuando niñas y niños ya saben leer. Escuchar a una persona adulta les permite ampliar su vocabulario, fortalecer la comprensión y acercarse a historias e ideas que todavía no podrían leer de forma autónoma. Con los más pequeños puede hacerse señalando imágenes, repitiendo sonidos o jugando con rimas; conforme crecen, se pueden compartir capítulos, cómics o textos informativos y conversar sobre personajes, emociones y opiniones.
En casa también pueden incorporarse acciones sencillas:
- Dedicar diez o quince minutos a una lectura agradable: una experiencia breve y frecuente puede ser más valiosa que una sesión larga y forzada.
- Permitir que niñas y niños elijan qué quieren leer y acercarles contenidos relacionados con sus intereses.
- Escribir con un propósito real: hacer la lista del mandado, crear un menú, escribir una nota o registrar el recuerdo de un paseo.
- Inventar otros finales para una historia, dibujar una escena, jugar con rimas o contar historias familiares.
- Aprovechar los textos que ya existen en casa y en el entorno: etiquetas, anuncios, calendarios, mapas, instrucciones o letreros.
- El verano no tiene que parecerse a la escuela para garantizar el aprendizaje: lo importante es mantener vivo el lenguaje a través de experiencias cotidianas y significativas, sin convertir el descanso en una obligación3.
El verano no tiene que parecerse a la escuela para seguir fortaleciendo el aprendizaje. Desde casa, la lectura puede mantenerse viva mediante conversaciones, juegos y experiencias cotidianas, agradables y significativas. Sin embargo, garantizar que todas las infancias tengan acceso a estas oportunidades también es una responsabilidad colectiva, que requiere el acompañamiento de comunidades, instituciones y sociedad.
- Davies, S. y Aurini, J. (2013). “Summer Learning Inequality in Ontario”. Canadian Public Policy, 39(2), 287-307.
- Davies, S., Aurini, J. y Hillier, C. (2023). “Reproducing or Reducing Inequality? The Case of Summer Learning Programs”. Canadian Journal of Education, 46(1).
- García-Aldeco y Uribe (2026). CASA: Estrategias para impulsar la alfabetización desde el hogar. Querétaro, México. Material gratuito disponible en el sitio oficial de Fundación Zorro Rojo.
