Detrás de un turno, una cadena de decisiones

En el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, una reflexión sobre las decisiones y barreras cotidianas que muchas mujeres atraviesan al momento de acceder a un control de salud mamaria.
Sacar un turno para una mamografía parece una acción simple. Entrar a una página, hacer una llamada, elegir una fecha. Pero para muchas mujeres, llegar a concretar ese estudio implica antes resolver una larga cadena de decisiones cotidianas.
¿Hay turno?¿Hay un horario disponible fuera del trabajo? ¿Me podré pedir la mañana? ¿Quién lleva a mi hija a la escuela? ¿Quién se queda con mi hijo mientras voy? ¿Qué pasa si el centro médico queda lejos? ¿Cuánto tiempo lleva ir y volver? ¿Conviene esperar al próximo mes, cuando haya menos gastos o menos cosas para resolver?
En la práctica, el acceso a un control de salud mamaria suele estar atravesado por mucho más que la voluntad individual. Muchas mujeres sostienen jornadas en las que el cuidado de otras personas ocupa gran parte del día. El Índice de Concientización sobre el Cáncer de Mama en Argentina 2025, realizado por Fundación Instituto Natura y Avon, muestra que el 83% de las mujeres con más de 35 años son madres, de entre las cuales más de 6 de cada 10 son económicamente activas y sostienen simultáneamente tareas de cuidado de hijos, hijas, parejas y familiares. Entre el trabajo, las tareas domésticas y las responsabilidades familiares, los controles médicos suelen quedar relegados a los espacios que sobran. Y muchas veces, esos espacios no aparecen.
En esa dinámica, el propio cuidado empieza a correrse siempre para un poco más adelante: queda asociado a la culpa, al “después veo” o a la sensación de que hay algo más urgente para resolver primero. Incluso cuando existe información sobre la importancia de los controles, sostenerlos regularmente no siempre depende únicamente de una decisión personal. Y ahí aparece una tensión silenciosa: saber que algo es importante no garantiza necesariamente poder hacerlo.
Para la detección temprana del cáncer de mama, la mamografía sigue siendo el estudio más importante, ya que permite identificar la enfermedad incluso antes de que aparezcan síntomas o alteraciones visibles. La Sociedad Argentina de Mastología recomienda realizarla anualmente a partir de los 40 años, o antes en casos con antecedentes familiares u otras indicaciones médicas. Sin embargo, según datos del Índice, aunque el 84% de las mujeres mayores de 40 años afirma haberse realizado alguna vez una mamografía, solo el 65% sostiene esos controles de manera regular. El mismo estudio señala que muchas mujeres interrumpen o postergan sus controles por falta de tiempo o dificultades para agendar turnos. Porque entre la intención de hacerse un estudio y la posibilidad real de concretarlo, existe una trama de obstáculos y decisiones cotidianas que no impactan de la misma manera en todas las personas.
El Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, que se conmemora cada 28 de mayo, propone ampliar esa conversación. Pensar la salud de las mujeres no solo desde las decisiones individuales, sino también desde las condiciones sociales que determinan en quiénes pueden acceder al cuidado y quiénes encuentran más barreras en el camino.
Por eso, hablar de salud mamaria también es hablar de tiempo, de trabajo, de cuidados y de acceso. Cuando acceder a un control implica reorganizar sola toda una cadena de responsabilidades y obstáculos cotidianos, el problema deja de ser individual y pasa a convertirse en una conversación colectiva.
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