8M: mismos derechos ¿mismas oportunidades?

Por Carola Rebolledo

Gerente, Fundación Instituto Natura Chile


Hablar de igualdad en el mundo del trabajo suele partir de una idea del sentido común: que el talento y el esfuerzo deberían alcanzar para que las trayectorias se desarrollen en condiciones justas. Sin embargo, cuando miramos con atención lo que viven las mujeres, esa premisa empieza a desarmarse. Porque las condiciones en las que se construyen esos recorridos siguen siendo muy dispares.

En Chile, casi 3 de cada 10 mujeres (29%) afirma haber sido impedida de estudiar o trabajar en algún momento de su vida. Y el 68% siente que sus ideas no son tomadas en cuenta en los espacios donde participa. Estos datos, que surgen del Índice de Concientización sobre la Violencia contra las Mujeres, desarrollado por Avon y Fundación Instituto Natura en 2025, reflejan dinámicas que atraviesan la vida laboral cotidiana: quién accede a una oportunidad, quién puede sostenerla, quién es escuchada cuando opina, propone o decide. Con el tiempo, esas diferencias se acumulan y terminan influyendo en el desarrollo profesional, en la autonomía económica y en la posibilidad de proyectar un futuro propio.

Desde Fundación Instituto Natura impulsamos este año la campaña MISMO para poner el foco en ese punto. No se trata de discutir si los derechos existen en el papel, sino de preguntarnos cómo se traducen en la práctica. Qué pasa cuando el talento es el mismo, pero las oportunidades no. Cuando la voz está presente, pero tiene menos peso. Cuando el esfuerzo no se valora de la misma forma.

En el ámbito laboral, estas condiciones tienen efectos concretos. La autonomía económica —clave para la independencia y la toma de decisiones— se ve limitada cuando el acceso al trabajo, la permanencia o el crecimiento profesional están condicionados. Y esa limitación no es solo económica: también impacta en la confianza, en la autoestima y en la forma en que las mujeres se perciben a sí mismas dentro de los espacios donde trabajan.

El Índice de Concientización permite además ampliar la mirada. En Chile, más de la mitad de las mujeres reconoce haber atravesado alguna situación de violencia por su género. Cuando se describen situaciones concretas, ese reconocimiento crece aún más. Sin embargo, una parte significativa de esas experiencias no se identifica de manera espontánea como violencia. Lo vivido está ahí; lo que muchas veces falta es el marco para comprenderlo como parte de una desigualdad estructural.

Esa dificultad para nombrar no es menor. Cuando ciertas prácticas se naturalizan, se vuelven más difíciles de cuestionar y transformar. Por eso, contar con información clara y accesible —y también compartirla— es un paso necesario para abrir conversaciones, revisar prácticas y fortalecer respuestas, tanto en el ámbito laboral como en el social.

Hablar de MISMO en este 8M es, en definitiva, una invitación a mirar con honestidad cómo se distribuyen hoy las oportunidades. A preguntarnos qué condiciones estamos dando por sentadas y cuáles estamos dispuestas y dispuestos a cambiar. Porque la igualdad no se construye solo con intenciones, sino con decisiones concretas y sostenidas.

Transformar ese “menos” en “lo mismo” implica reconocer las diferencias, compensarlas y asumir que la equidad es una responsabilidad colectiva. Las trayectorias laborales de las mujeres, su voz y su desarrollo siguen estando en juego. Y eso, definitivamente, no nos da lo mismo.

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