8M: la autonomía económica no es un privilegio: es el punto de partida para cerrar brechas y garantizar equidad

Por Olga Sánchez
Directora Ejecutiva de Fundación Instituto Natura Colombia
Cada 8 de marzo vuelve la misma pregunta, incómoda y necesaria. ¿Cuánto hemos avanzado de verdad y qué tan lejos seguimos de construir condiciones más equitativas que se sientan en la vida diaria de las mujeres?
En Colombia, las brechas siguen siendo estructurales. Se ven en el acceso al empleo, en la estabilidad de los ingresos, en las oportunidades de crecimiento profesional y también en la forma en que la sociedad reconoce las violencias basadas en género. También se expresan en lo cotidiano. El 64 % de las mujeres siente que sus ideas no son tomadas en cuenta. No es un detalle menor que, en este contexto, apenas el 14 % de la población alcance niveles altos de concientización frente a estas violencias, según el Índice de Concientización sobre Violencias hacia las Mujeres en Colombia. Cuando no se identifican con claridad, las desigualdades se vuelven paisaje, se normalizan, se nombran tarde o no se nombran.
La desigualdad laboral, por ejemplo, rara vez se vive como un dato frío. Se experimenta como incertidumbre, como dependencia, como renuncias cotidianas. Y en ese terreno, las violencias pueden encontrar condiciones para reproducirse. No es casual que en Colombia el 26 % de las mujeres afirme haber sido impedida de estudiar o trabajar. Ahí empieza una cadena de limitaciones que afecta su independencia y sus posibilidades de decidir. Ese mismo Índice deja una paradoja reveladora. El 86 % de las mujeres ha vivido alguna situación de violencia de género cuando se les pregunta de forma guiada, pero solo el 46 % la reconoce como tal. No se trata de una contradicción estadística. Es una señal social. Hay experiencias que se viven, pero no se leen como violencia, por ejemplo, ser responsabilizada de lo que ocurrió “por estar vestida de cierta manera”, o que se minimicen comentarios, controles y presiones como si fueran parte de lo normal. Y lo que no se reconoce, difícilmente se enfrenta.
Por eso, desde Fundación Instituto Natura se impulsó esta medición como una herramienta permanente. No para sumar un informe más, sino para hacer visible lo que suele quedar fuera de conversación, seguir su evolución en el tiempo y aportar evidencia útil para la prevención. Medir la concientización permite entender dónde están las brechas de percepción, qué formas de violencia se minimizan o se justifican, y qué tan preparados estamos como sociedad para reaccionar.
Cuando la violencia se invisibiliza, sus consecuencias se profundizan. Una de las más determinantes de esta profundización es el impacto sobre la autonomía económica. Si una mujer no cuenta con ingresos propios o enfrenta condiciones laborales precarias, su margen de decisión se reduce. La dependencia financiera puede volverse una barrera silenciosa. Limita opciones, restringe salidas, aplaza proyectos, aumenta vulnerabilidades. Hablar de igualdad, entonces, no es solo hablar de derechos en abstracto. Es hablar de empleo digno, educación y oportunidades reales para construir un camino propio.
A esa realidad se suma otro problema que no siempre se ve a simple vista. El acceso a información y a mecanismos de protección continúa siendo limitado. El Índice revela que el 48 % de las personas no conoce los servicios de denuncia y apoyo, y que el 71 % cree que las mujeres no acudirían a instituciones públicas por miedo a sufrir más violencia. No es solo una brecha institucional. Es un síntoma de desconfianza y de barreras culturales que, en la práctica, dejan a muchas mujeres sin rutas claras para pedir ayuda y sin garantías de protección.
Desde Fundación Instituto Natura, centramos la transformación en ampliar oportunidades y fortalecer el capital social de las mujeres, es decir, sus redes de apoyo y su capacidad de incidencia. La educación, el acceso a ingresos y el desarrollo de habilidades no solo impactan la independencia económica. También construyen confianza, abren redes, mejoran la capacidad de decisión y reducen vulnerabilidades. Apostarle a la autonomía económica es, en el fondo, apostar por la prevención, por la equidad y por un desarrollo sostenible que no deje a nadie atrás.
La igualdad de oportunidades no se decreta. Se construye con decisiones concretas, con políticas que se cumplen, con recursos que acompañan, con entornos donde la violencia se reconoce a tiempo y no se justifica. Este 8 de marzo es una invitación a actuar con conciencia, a cerrar brechas y a convertir la conversación en cambios reales.
Por eso, desde Fundación Instituto Natura apalancamos e impulsamos #MISMO, una campaña para detenernos en aquello que todavía no es igual y empujar un ajuste necesario, hoy. La invitación es simple y poderosa. Identificar esa palabra que concentra la inequidad, “menos”, “menor” o “distinto”, y tacharla para reemplazarla por MISMO, en un gesto visual que convierte una situación desigual en una de equidad.
Porque cuando una mujer alcanza autonomía económica, no solo transforma su propia vida. También transforma su entorno, su comunidad y el horizonte de las próximas generaciones.
