Detrás de un turno, una cadena de decisiones

En el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, una reflexión sobre las barreras cotidianas que muchas mujeres atraviesan al momento de acceder a un control de salud mamaria.
Sacar un turno para una mastografía parece una acción simple. Entrar a una página, hacer una llamada, elegir una fecha. Pero para muchas mujeres, llegar a concretar ese estudio implica antes resolver una larga cadena de decisiones cotidianas.
¿Hay turnos disponibles? ¿Hay un horario fuera del trabajo? ¿Me podré pedir la mañana? ¿Quién lleva a mi hija al colegio? ¿Quién se queda con mi hijo mientras voy? ¿Qué pasa si el centro médico queda lejos? ¿Cuánto tiempo lleva ir y volver? ¿Conviene esperar al próximo mes, cuando haya menos gastos o menos cosas para resolver?
En la práctica, el acceso a un control de salud mamaria suele estar atravesado por mucho más que la voluntad individual. Muchas mujeres sostienen jornadas en las que el cuidado de otras personas ocupa gran parte del día. Y aunque en México el derecho a la salud y la atención del cáncer de mama forman parte de las garantías contempladas por la Ley General de Salud y por normas específicas como la NOM-041-SSA2-2011, todavía persiste una brecha entre esos derechos y la posibilidad real de ejercerlos. Entre el trabajo, las tareas domésticas y las responsabilidades familiares, los controles médicos suelen quedar relegados a los espacios que sobran. Y muchas veces, esos espacios no aparecen.
En esa dinámica, el propio cuidado empieza a correrse siempre para un poco más adelante: queda asociado a la culpa, al “después veo” o a la sensación de que hay algo más urgente para resolver primero. A eso se suma que muchas mujeres todavía enfrentan dificultades para acceder a información clara sobre los métodos de detección o sobre dónde realizarse los estudios. Pero incluso cuando existe información sobre la importancia de los controles, sostenerlos regularmente no siempre depende únicamente de una decisión personal. Y ahí aparece una tensión silenciosa: saber que algo es importante no garantiza necesariamente poder hacerlo. Porque entre la intención de hacerse un estudio y la posibilidad real de concretarlo, existe una trama de obstáculos y decisiones cotidianas que no impactan de la misma manera en todas las personas.
En nuestro país, donde el cáncer de mama fue la principal causa de muerte por tumores malignos en 2024 —con 8.451 fallecimientos, de los cuales el 99,2 % correspondió a mujeres, según datos del INEGI—, la detección temprana sigue siendo una de las principales herramientas para reducir la mortalidad asociada a esta enfermedad. En ese escenario, la mastografía continúa siendo el estudio más importante, ya que permite identificar el cáncer incluso antes de que aparezcan síntomas o alteraciones visibles. Los organismos especializados recomiendan realizarla de manera periódica a partir de los 40 años, o antes en casos con antecedentes familiares u otras indicaciones médicas. Sin embargo, muchas mujeres interrumpen o postergan sus controles por falta de tiempo, dificultades para conseguir turnos o por no poder reorganizar sus responsabilidades cotidianas.
El Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, que se conmemora cada 28 de mayo, propone ampliar esa conversación. Pensar la salud de las mujeres no solo desde las decisiones individuales, sino también desde las condiciones sociales que determinan quiénes pueden acceder al cuidado y quiénes encuentran más barreras en el camino.
Por eso, hablar de salud mamaria también es hablar de tiempo, de trabajo, de cuidados y de acceso. Cuando acceder a un control implica reorganizar sola toda una cadena de responsabilidades y obstáculos cotidianos, el problema deja de ser individual y pasa a convertirse en una conversación colectiva.
