8M: ¿Por qué todavía no es lo mismo?

Por Jaira Alencastre
Gerente, Fundación Instituto Natura Perú
Cada 8 de marzo volvemos a hablar de derechos, avances y deudas pendientes. Pero para muchas mujeres, estas conversaciones no son una fecha en el calendario: forman parte de su vida cotidiana.
Si algo muestran los datos en Perú es que la desigualdad que enfrentan las mujeres no es abstracta ni excepcional: es cotidiana, estructural y tiene un impacto directo en su desarrollo personal y profesional.
En 2025, 133 mujeres fueron víctimas de feminicidio en el país, según cifras oficiales del Ministerio de la Mujer. Esa es la expresión más extrema de una realidad que también se manifiesta en formas menos visibles, pero igualmente determinantes: barreras que restringen el acceso al estudio, al trabajo y a los espacios donde se toman decisiones.
Cuando analizamos lo que viven las mujeres en su día a día, el panorama se amplía. El Índice de Concientización sobre la Violencia contra las Mujeres —una herramienta desarrollada por Avon y Fundación Instituto Natura que permite medir cuánto sabemos, cómo interpretamos y qué hacemos frente a esta problemática— muestra que el 33% de las mujeres en Perú afirma haber sido impedida de estudiar o trabajar en algún momento de su vida. Más que una cuestión de capacidad o esfuerzo, lo que aparecen son condiciones desiguales que limitan oportunidades.
En el plano de la participación ocurre algo similar. El 69% de las mujeres señala que sus ideas no son tomadas en cuenta. Las mujeres están, opinan, proponen, sostienen equipos y proyectos. Sin embargo, el reconocimiento y la capacidad de incidencia no siempre se distribuyen de manera equivalente.
En muchas conversaciones con mujeres —en organizaciones, comunidades o espacios laborales— aparece una frase que se repite con frecuencia: “sí, estamos en la mesa, pero no siempre somos escuchadas”. Con el tiempo, esas diferencias acumuladas terminan influyendo en el desarrollo profesional, en el acceso a liderazgos y en la toma de decisiones.
Estas cifras reflejan condiciones que se repiten y que, con el tiempo, van moldeando los recorridos vitales de miles de mujeres. Desigualdades en el acceso, en la escucha y en el reconocimiento que pueden parecer sutiles en el día a día, pero tienen efectos concretos en la autonomía económica y en la posibilidad de proyectar un futuro.
Desde Fundación Instituto Natura creemos que la concientización es un paso necesario para transformar esta realidad. Medir el nivel de conciencia social es solo un punto de partida que nos permite identificar brechas y orientar mejor nuestras acciones. Porque la violencia hacia las mujeres no es un asunto privado ni individual: tiene efectos sociales, económicos y productivos que impactan en el desarrollo del país.
Por eso, este 8M es una oportunidad para cuestionar lo que damos por hecho: revisar prácticas, fortalecer políticas y avanzar para que las oportunidades, el reconocimiento y la autonomía sean verdaderamente los mismos.
Porque cuando las mujeres enfrentan barreras para desarrollarse, no solo se limita su potencial individual. También se limita el desarrollo de toda la sociedad. Transformar juntos ese “menos” en lo mismo requiere no solo intención, necesita cuestionamientos profundos y acciones concretas. Porque la sociedad lo merece y porque, por supuesto, no nos da lo mismo.
